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domingo, 19 de diciembre de 2010

Fantasmas dentro de casa

Son las cinco con veintitrés;
afuera llueve,
adentro llueve.

Aún hay estrellas.
El amanecer se refleja en la ventana
y cerca de mis ojos aturdidos.
La luna me observa con desgana.

Miro el techo
en busca de preguntas
y respuestas,
y soluciones obsoletas.

Son las cinco con cincuenta y seis,
afuera llueve,
adentro llueve.

No encuentro mis lentes,
veo un cielo raso,
blanco,
sin preocupaciones,
sin remedios factibles
para regalar.

Mi retina cruje.
Miro hacia el lado,
sólo pasados indecentes,
dolorosos,
exigentes.
Algo humedece mi maquillaje.

Son las seis con treinta y ocho,
afuera llueve,
adentro llueve.

Hay frío.
Hay frío en mi pulso.
Hay pulso en mis temblores.
Hay temblores en mis venas.

Vete,
no vuelvas,
y procura quedarte.

Son las siete con cinco,
afuera calmo,
adentro llueve.

lunes, 23 de agosto de 2010

Más que ayer, y ojalá más que mañana

Esos días en que bajas intencionalmente el volumen de la música para poder escuchar tus confusos pensamientos.
Esos días en que tus manos tienden a temblar, y tu mirada inquieta queda fija en un punto inexistente.
Esos días en que, a pesar del calor excesivo, solo abunda en tu mente la idea de cobijarse entre las sábanas con una tasa de café ojalá interminable y con mucho azúcar.
Esos días en que la cocina es tu mejor amiga y la única que te llena totalmente; una de las pocas que te comprende y te da exactamente lo que quieres, además de curar tus nervios.
Esos días en que ya todo vale nada y tiendes a rendirte frente a cualquier complicación.
Esos días en que ni siquiera esa nube que tiende a separarse un poco y a dejar a la vista algunos rayos de sol esperanzadores te da oportunidades de apoderarte de la fuerza necesaria para levantar tu pesado cuerpo de la cama.

Esos días, como los de hoy.

domingo, 18 de julio de 2010

Ya no hay nada

Sí, noches interminables, como las de ayer, son las que te hacen recordar:
No vale la pena dormir si no vas a soñar.

Vuelve a mi querida inspiración.

jueves, 8 de julio de 2010

Mil verdades (y unas cuantas más)

¿Cómo empezar?
Aunque me encantaría que así fuera, mi nombre no es Grial, es un simple seudónimo que creé hace un par de años con el fin de empezar a escribir y cubrir mi verdadero nombre, el cual odio. Me es difícil ocultar que nací bajo el nombre de Anastasia, ya que es imposible que alguien no lo compare con la asesinada princesa rusa, y creo que es eso lo que más odio de llamarme así; es poco común, casi original, pero no quita el hecho de que sus comentarios sean repetitivos y agobiantes.

Por más que aparente más, a veces menos, tan solo tengo 15 tiernos años, los cuales, de alguna manera, también detesto un poco. Odio que me traten de adolescente, mucho más en esta época donde la mayoría de ellos son unos estúpidos. Creo, y mantengo mi posición, que, por el hecho de ya haber vivido lo que una persona normal debe vivir durante toda su pubertad, soy más consciente y un poco más feliz que el resto de la gente de mi edad, a pesar de haber pasado por una etapa bastante idiota y reprochable  hace un año, o creo que menos.

Como cualquier niña normal (digamos que normal), la mayoría del tiempo estoy en un establecimiento educacional, el cual estoy al borde de perder por una ridiculez. Bueno, este año ingresé al espacio en que me encuentro ahora, y le debo a las personas que conocí ahí mis sonrisas diarias. Creo que estar en el fue la mejor decisión que pude haber tomado jamás. Aunque mis calificaciones sigan siendo degradantes, son las mejores que he tenido en años, y se lo debo a estos últimos meses.

Tengo la estabilidad anímica de una piedra, además de tener drásticos problemas de ira (aunque me estoy limitando del uso de ellos este último tiempo), puedo pasar de una increíble felicidad y sonrisas inaguantables a una profunda y oscura tristeza en menos de un segundo (ya te darás cuenta que es una bonita y prolongada forma de admitir mi bipolaridad), aunque aún así creo que es difícil provocarme angustia, ya que rara vez me verás sin una mínima risilla poblando mi rostro.

Siendo mi brazo izquierdo el mayor delator, mi pasado no ha sido el mejor (no se acostumbren a esas rimas porque será la última que leerán). Aquel estuvo repleto de errores asquerosos, de verdad repugnantes, pero mi arrepentimiento por ellos es nulo, ya que gracias a ellos aprendí todo lo que se hoy, y por sus enseñanzas agradezco cada día; además, siempre he planteado que de nada sirve arrepentirte más que para sufrir más. Levántate, limpia el polvo de tus pantalones y sigue jugando. Creo también, que preocuparse de hechos anteriores es una pérdida de tiempo, ¿por qué llorar con el pasado teniendo todo un futuro para enmendar las cosas?

Aunque me esfuerzo por pretender lo contrario, es muy complicado que llegue a odiar realmente a alguien. Con mucha dificultad encontrarás a alguien tan importante para que sienta sentimientos tan fuertes por ella, y que sea tan despreciable para desear su rotunda muerte; es casi imposible combinar tan perfectamente aquellas dos cosas... Por supuesto, "casi" es la palabra clave; hasta el momento solo 2 personas han logrado ganar el premio mayor. Aún así, soy absolutamente rencorosa y orgullosa, por lo que no perdono fácilmente.

Estoy profundamente enamorada de las cuerdas de una guitarra, y procuro estar con ellas el mayor tiempo posible. Mientras ellas me sigan regalando melodías seguiré siendo su amante secreto.

Ahora, ¿te puedes hacer alguna idea de mi?
Ni siquiera he comenzado.

miércoles, 30 de junio de 2010

Sacando cuentas

Hay una larga lista de cosas en la vida que no me interesan ni en lo más mínimo, y, luego de tanto reflexionar, me di cuenta que en ella no figuras tu.

domingo, 4 de abril de 2010

Distinto

¿Por qué ahora es diferente?


Porque estoy. 
Porque estás.
Porque está, y me gusta.
Porque ya no está, y no lo extraño.
Por cambiar.
Por estar aquí parada.
Por ser.
Por querer.
Por odiar.
Porque abrí lo ojos y vi la mierda parada en frente mío.


Porque ahora, no debo fingir.
Porque ahora, no quiero fingir.


Y, porque ahora, es diferente.



domingo, 22 de noviembre de 2009

Horario Genético (1er lugar "Concurso Literario Las Horas")

Los minutos pasaban y mis horas de vida parecían tan cortas que me daba terror intentar contarlas.


Sentía las agujas del reloj moviéndose lentamente. El “tic-tac” me mataba lentamente el alma. Hasta que tomé fuerzas, dejé mi cobardía de lado y lo miré con desdén… Las agujas seguían ahí, moviéndose cada segundo más lento, atacándome, gritando mis horas de vida como un predicador en la calle, tratando de correr estúpidamente para simplemente marcar otro segundo, otro minuto, otra hora, algo prácticamente… indescriptible. ¿Cómo algo tan simple me podía estar volviendo loco?


Decidí intentar dormir. Me acosté en ese incómodo sillón beige, puse un cojín bajo mi nuca, volví a mirar el reloj, y rendido, mis párpados cayeron.


Desperté aturdido, no sabía donde estaba, era un desierto… Casi desierto. Había algo a la lejanía. En realidad parecían varias cosas. Decidido, me encaminé a ver que me esperaba…
Había… relojes… muchos relojes… y parecían agua, ya que se derretían.
Esa imagen me parecía muy familiar… La había visto en alguna parte. Pero lo más extraño es que todos los relojes mostraban la misma hora, 18:57.
Hacía mucho calor así que supuse que eso hacía que los relojes se derritieran, pero al acercarme y tocar uno estaba totalmente congelado. Me asusté. Corrí desesperadamente a buscar auxilio y no había nadie ni nada. Seguí corriendo y lo único que logré fue comenzar a escuchar un estrepitoso “tic-tac” en mi cabeza mareada. Continué corriendo, ahora más rápido para escapar de ese aterrador sonido y aquel se hacía cada paso más fuerte. Me rendí al asqueroso sonido y caí en la arena ya mojada por mis miles de lágrimas. El “tic-tac” seguía ahí avisándome que las horas seguían pasando. Horas malditas que marcaban mi muerte.



Miré a mí alrededor, seguía sin haber nada y el sonido se hacía cada vez más fuerte. Me desesperaba aún más hasta que mis manos se trasladaron del cálido suelo a mis frías orejas sin pensarlo. El sonido se enmudeció de repente y mis manos volvieron al piso, no entendía la situación a la perfección. Es decir, sabía lo que estaba pasando pero no sabía porque.
Decidí pararme y… caminar, supongo.



El sol me quemaba la piel y mi cuero cabelludo, me comenzaba a doler.
Caminé bastante hasta que vi un cerro. Era hermoso porque, a diferencia del desierto, tenía vegetación, flores hermosas, que dudo que alguna vez hayan sido vistas. Me acerqué lentamente y, con mucho cuidado, arranqué la primera flor que cruzó por mi camino, la tomé y la llevé a mi rostro para apreciar su olor…”tic-tac” sonó. Miré la flor de reojo y dentro de ella había agujas… y se movían esquizofrénicamente al ritmo del reloj.

-        
         - ¿Qué pasa aquí?! – grité mientras arrojaba la demoniaca flor lejos de mi, y corrí como nunca mientras gritaba aterrado.


Abrí los ojos de golpe y estaba en aquella misma sala en la que me había dormido. Tenía sudor en la frente y mi corazón se agitaba tan rápido que pensé que se saldría de mi pecho. Miré el reloj con desgana, no quería hacerlo pero debía. Eran las 18:57, la hora, la asquerosa hora que marcaban los relojes derretidos. ¿Qué pasaba aquí? ¿Acaso estaba soñando de nuevo?


Me froté los ojos para ver si mi vista estaba bien, miré el reloj y sí, lo estaba, veía perfectamente bien aquellas agujas escapando de un lado a otro marcando puercos segundos. Me pegué levemente en mi mejilla izquierda para despertarme en el caso que estuviera durmiendo… No, no lo estaba. Mis manos alteradas se dirigieron rápidamente a mi cabello y lo desordenaron mientras me agachaba cada vez más mirando el piso con los ojos abiertos como platos…
-         
         - ¿Qué me está pasando?! – grité frenéticamente mientras me erguía y bajaba los brazos.


Me dejé caer en el piso helado y no supe más del mundo.


Escuché una tranquila voz que trataba tímidamente de despertarme, o más bien de que reaccionara. Me meció un par de veces y abrí los ojos violentamente. La chica, más bien guapa, me tranquilizó y me dijo que era la hora. ¿Hora de que?
-        
        - Acompáñeme señor… No recuerdo su apellido, ¿me lo podría repetir por favor? –


No reaccionaba, simplemente caminaba mirando aquel punto fijo que era esa habitación. Ni siquiera me podía concentrar para mirar esas caderas perfectas que seguramente se movían de un lado a otro con aquella falda perfecta. Simplemente pensaba en lo que me esperaba, y el temor que sentía.


Entré tan nervioso que mis palpitares se podían sentir a kilómetros. Me vistieron con ropas azules que se mojaron enseguida por mi sudor frío. Me acerqué a aquella camilla con los ojos cerrados y al abrirlos me encontré con la mano de mi novia, quería que la sujetara y así lo hice. Su mano estaba caliente, pero no pude evitar sentir una sensación de relajo.


Cerré los ojos y de un momento a otro sentí el grito de mi amadísima acompañado de un grito ajeno, sonaba como… Un bebé. Abrí los ojos lentamente y miré como el pequeño (o pequeña) era limpiado y dejado en los brazos de su madre. Madre. Solté una lágrima desierta que limpié con mi antebrazo.
-         Es una niña muy sana, han hecho bien -, dijo el doctor con un destello en su mirada.
Me acerqué cuidadosamente a mi novia, le besé los labios. Me aproximé a mi pequeña y le susurré a su delicado oído:
-         
        - Eras mi muerte, y ahora no me puedes sentar mejor –


Miré la hora y la memoricé. La mejor hora de mi vida, la hora en que mi vida comenzó.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Soñando otra vez

No sé,

es extraño,
siento...
... todo esto como un sueño.

Me siento adormilada,
dopada,
diciendo cualquier estupidez que se me venga a la mente,
¿lo has sentido?,
por supuesto que no...

Ya es un sueño tonto nada más,
y no es lindo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Sola, ahora y siempre

Que lindo era cada vez lo sentía...
... en realidad eran como mariposas,
revoloteaban por mi cuerpo cada vez que te veía, que te sentía cerca de mi...
... todo ha desaparecido,
incluso mi ambición por más.

Buenos días señora soledad,
seremos grandes amigas, supongo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Traiciones extranjeras

Dañaste aquellos sentimientos que crecieron en el corazón de el,
dañaste aquellos recuerdos que abundaban la cabeza de ella,
dañaste todo lo que conociste, lo que creíste, lo que pensaste, lo que sentiste...
no, nunca sentiste nada... solo... resentimiento... puerco resentimiento que arruinó lo que más quiero.

Vete y no vuelvas perra traición.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Verdades aquellas

Las miré de reojo con nubes temblorosas cerca de mis pestañas.

Lo había hecho.
Y, aunque lloraba por una pena increíblemente grande, me sentía bien.

Cerré los ojos, y dejé que los meses pasaran en mi mente. Ya habían pasado. Ahora, la hora feliz.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Antro

Mi padre manejaba mientras yo miraba plácidamente el paisaje primaveral que pasaba rápidamente por la sucia ventana. Era hermoso, los campos verdes, los volantines al viento, los niños jugando tranquilamente y ese cielo tan azul que hacía que las nubes parecieran aún mas blancas.

Me comenzó a dar sueño y saqué mi reproductor de música para tenderme en el asiento y cerrar los ojos, comenzó a sonar un dulce sonido, eran Los Fabulosos Cadillacs, su ritmo y alegría me llevó a mover mi pie derecho y tambalear los hombros de manera constante. No recuerdo más.

Algo habló mi padre lo suficientemente alto como para que mis oídos tapados con audífonos los escucharan, en ese momento abrí los ojos de golpe y mi bello paisaje se había quebrado... Cielo gris, pasto seco y sucio, calles llenas de gente amargada, y cables por todos lados...

Dicen que los antros son las discoteques, las fiestas o los callejones llenos de droga y ebrios sin vida, pero yo puedo decir que el peor antro, es mi ciudad natal.

martes, 15 de septiembre de 2009

Bien

Antes quería adelantar mi fin,

y ahora veo que es tan luego... que corro estúpidamente para alejarme de el.

sábado, 22 de agosto de 2009

Odio

Déjenme escribir en mi sola soledad,
déjenme llorar como si no me escucharan,
déjenme hablar como si no les importara, no, el como está de más.

Ya soy una más de esta puerca sociedad, y no me sienta bien.

Psycolover

Aunque se daba cuenta que se había terminado, la seguía adonde fuera, porque la amaba.

domingo, 9 de agosto de 2009

Baile de Máscaras

Veo el mundo ahora y no puedo evitar ver a todo el mundo tratando de encajar con máscaras sombrías y asquerosas. No puedo evitar sentir los pensamientos opuestos a sus palabras dentro de mi cuerpo lleno de náuseas. No puedo evitar hacer el intento inútil de parar esta matanza de ideologías.

Ya nadie me toma encerio, porque ya no soy de confianza, afecto, respeto, y un largo etcétera de palabras que hasta ahora no tienen un interés relevante (para mí), ¿por qué?, por que todos tratan de encajar de la misma manera en la que yo encajaba miedosa y sínicamente anteriormente.
Buscan el bando que más convenga mientras obtengan apoyo de mentira, miradas eróticas provenientes del sexo opuesto y una pose que dure poco, pero dure.

Vístanse como quieran, peinense como quieran, actúen como quieran... Siempre llegará quien se tropieze con ustedes, les haga caer su máscara, y revele su putrefacta condición. Mi recomendación: Nunca comienzen un baile que no puedan terminar.

Necesito una nariz de payaso, ¿me prestás la tuya?

Dolores Nocturnos

Despertó desorientada y aturdida sin recordar nada de lo que pasó anoche. Se miró al espejo y tenía los ojos rojos. Veía cosas que nunca logró apreciar y que parecían hacerla reír.
A las pocas horas ese extraño sentimiento se fué, y empezó a recobrar algunos pensamientos de la tarde anterior...

Se acercó a aquel hombre de traje blanco que hacía juego con sus pocos y desteñidos cabellos. Sus ojos la miraron de los pies a la cabeza a travéz de los sucios y gastados cristales de sus lentes, y finalmente le dijo: - Ya no hay vuelta atrás...-, y lo interrumpió un sollozo. Una pequeña lágrima recorrió la mitad de su mejilla y la limpió rápidamente con sus secas manos.
Se levantó un poco aturdida y se fué.
La gente la miraba extraño, ella simplemente seguía su paso mirando directamente al frente... Aún no lo asimilaba.

Caminó hasta una plaza cercana y se sentó en la primera banquilla que encontró. Pensó en todo lo que se equivocó y lo que no alcanzó a hacer. Intentó llorar pero el dolor y la culpa no se combinaban lo suficientemente bien.

Se acostó en la misma banquilla de madera y admiró el crepúsculo hasta que llegó a su fin.
Intentó dormir pero estaba incómoda, por lo que solo reposó tranquilamente mientras la cubría lentamente el oscuro manto de la noche.

Pasaron los minutos y sintió un fuerte dolor en el pecho... Como si un elefante se fuera acomodando lentamente entre sus costillas.
Segundos mas tarde se encontraba en el piso retorciendose por el insoportable (INSOPORTABLE) dolor que la invadía, hasta que llegó un susurro desesperado: - Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda... -.
El dolor cada vez se hacía mas y mas fuerte, y cada vez hacia movimientos mas y mas desesperados por intentar salir de la situación.
Empezó a gritar, pero en la oscuridad y desesperación no logró ver nada.
Gritó mas fuerte, y alcanzó a ver una silueta que se dirigía hacia ella. Gritando aún mas fuerte suplicó asilo mientras la oscura sombra se hacia mas grande a traves de la oscuridad. Con los ojos entrecerrados solo logró ver una chaqueta oscura lanzando algo parecido a un cigarro, y un encendedor. Sintió una voz: - Demasiado bella para morir así -, y vió la silueta desaparecer.
Tratando de calmarse pero con el mismo dolor, que ya la empezaba a marear, recogió lo que pudo ver y lo encendió en sus suaves labios. Aspiró y un abismo la invadió.

Olvidó todo el dolor ya desaparecido y voló soñando.

Vacaciones

No pude abrir los ojos. Las luces me cegaban.
Escuchaba palabras que no pude reconocer hasta escuchar la voz de mi madre que me calmo (relativamente).
Sentí una pequeña presión en mi brazo y volví a caer dormida.
Desperté con una horrible interrogante, colapsando. Pregunté que pasó, -Te vi aturdida, sin sentido de orientación, no sabías donde estabas, después te desmayaste y llegaste vomitando-, dijo mi madre con un hilo de voz.
Me percaté de que un cable salía de mi vena derecha y mi desesperación encontró un nivel nunca antes buscado y colapsé... una vez más. Mi exaltación evidente llevó a mi madre hasta al lado izquierdo de mi camilla, sosteniendo mi mano suspirando: - Tranquila hija mía, todo va a salir bien -, y dos lágrimas recorrieron simultáneamente nuestras mejillas (la mía mas pálida que la suya, supuse en ese momento).
Llego uno de esos doctores imbéciles que encuentras hoy, y le regaló algunos susurros a mi madre para luego decirme: - Te vamos a hacer unos exámenes, y después te voy a hacer unas preguntitas, ¿de acuerdo? -, me limité a asentir con la cabeza. 2 minutos mas tarde el sueño, cansancio, stress, desorientación y un largo etcétera ganaron la batalla, y volví a cerrar los ojos para caer en un sueño profundo, rendida.

Después de un largo recorrido, camilla tras camilla, sala tras sala, doctores tras doctores... Desperté en una gran sala blanca. Me percaté que mi cama era mas grande y tenía un televisor frente mis ojos.
El cable aún salía por mi vena derecha. - Relájate y duerme -, y fue lo último que recuerdo.

_______________________________

Desperté y me aproximé a la puerta mas cercana. Me sentía mal.
El sentimiento fue de mal en peor cuando me vi allí, en el espejo, asquerosa y moribunda. Intenté gritar y no pude. Intenté llorar y las lágrimas se contuvieron en mi garganta.
No sentía nada. No había nada que sentir.
Todo tan limpio... Y yo tan... asquerosa, débil.

Rompí a llorar... Las lágrimas no cesaban y no se contuvieron hasta 2 días después.
Ya estaba lo suficientemente muerta y podrida para eso.


Solo mi vida perra puede ponerme barreras..

viernes, 7 de agosto de 2009

(Sin título) Escrita el Miércoles, 24 de Diciembre de 2008 a las 00:54.

Todos expectantes a que lleguen las 00:00 del 25 de Diciembre para poder abrir sus inciertos destinos.
Mientras yo, sin poder juntar mis penstañas, abro mi imaginación para los espectadores que probablemente criticarán mi vista real pero poco positiva de la vida y existencia de mi propio ser.

Me siento dopada y torturada solo con finas palabras que llegarían a mí formando un caos para mi (lo que podría llamar) estabilidad:
"Búrlense bufones mal gastados, que mañana podrán darse cuenta que hacen sufrir al sufrimiento con la misma paga que a sus niñas", les respondo. Claro, estos eran mis pensamientos, pero solo me dije: "Mándalas a la cresta", y así lo hice.

Antes de que este vaso comenzara a llenarse poco a poco, la niña era mi amiga, y me ayudaba, pero después encontró razón en otros casos, tal vez para quedar mejor, tal vez para encajar, aún no me lo explico, pero simplemente cambió de parecer, y caí psicologicamente.

Busco la explicación a explicaciones sin razón, trato de buscarle el porqué de el clima en este vaso de agua turbia, pero creo que mi pequeño y delgado cuerpo no encuentra algo real por lo cual luchar.
Creo que ya todo se dió, yo no fui capaz de asumirlo, ahora debo reflexionar para luego despedir.

Ahora me llaman por cosas putrefactas que nunca pensé que dirían de mi. Tal vez "adolescente resentida", "jóven incomprendida", o tal vez simplemente con una palabra burda y sin sentido como "pendeja". Piensen lo que piensen, podremos mandarlos a la cresta una y otra y otra vez, hasta cansarnos (o cansarlos), pero si repetimos lo que de verdad creemos real tal vez (tal vez) el clima cambie por un tiempo.

La vida es más fácil con los ojos cerrados.

lunes, 25 de mayo de 2009

Vicio

Miraba de reojo cada 5 minutos. Sólo para ver si estaba ahí. Aún no tenía la valentía de hablarle, y mi orgullo superaba cualquier cosa.. Excepto mi fanatísmo incrédulo por ... él.

Me daba asco depender de eso. No podía pensar en otra cosa que no fuera esa... No puedo pensar en otra cosa con tanta intensidad como aquella.
Me di vuelta y revisé ... Llacía ahí tan plácido como siempre, y mis deseos se encontraban ardiendo tan solo por cruzar una palabra.

Me di media vuelta de nuevo, sentí algo que rozaba mi mejilla, pude llegar a asimilar que la estaba mojando, y que era una lágrima.
No sabía el por qué de este sentimiento.
Era tan nuevo y diferente que no podía entenderlo. No era amor, de eso estaba completamente segura, tampoco era odio... Pero era algo... Lo necesitaba y me molestaba.

Miré nuevamente y ya había desaparecido.

 
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